domingo, 14 de abril de 2013

"Asu Mare"


Digamos que los peruanos somos tan buenos en el fútbol como en el cine.

Hay preparación, no lo dudo,  y también personas (jugadores y actores respectivamente) que destacan y tienen una admirable carrera. Otra similitud: no llegamos lejos.
Se me vienen pocas películas peruanas “buenas”. . . casi siempre son lentas para mi gusto, incluyen algo de sexo o tienen que ver con orientaciones sexuales y son dramáticas. Por supuesto no he visto absolutamente todos los largometrajes peruanos que existen, mi apreciación puede parecer demasiado general o simplista, pero vaya que una muestra representativa de películas podría defender mi tesis.

Hace un mes vi en el cine el tráiler de “Asu Mare” que no significa otra cosa que “wow” o , si quieres sonar más sofisticado y francés, “oh la la”. No solo me pareció gracioso, sino que el protagonista, Carlos Alcántara, me cae muy bien. No lo conozco pero irradia simpatía de sobra.
 Me bastaron aquellas dos razones para comprar el ticket.
¿Y de qué se trata? De la biografía del humorista Carlos y de  muchas otras cosas:
 Las clases sociales, la delicia de ser niño o adolescente, el descubrimiento que uno es adulto y es hora de enfrentar la realidad, la búsqueda de uno mismo, la Lima de la que siempre escucho hablar a mis papás, la preocupación y lucha de una madre para sacar adelante a sus hijos, la discriminación y autodiscriminación, los golpes de suerte que la vida nos puede traer y la perseverancia (mucho de ésta).

Me conmovió.

Salí de la sala sintiéndome ingrata, afortunada y muy motivada, en ese orden.
Carlos transmitió tanto. Eso justifica las largas colas para comprar el ticket y que en tan solo 3 días desde su estreno unas 407 mil personas la hayan visto. Especulan que se convierta en el filme más visto en Perú.

 El público se merecía una película así: chistosa,  BIEN peruana, que sea un llamado a nuestra a veces perdida motivación y ¿por qué no?, también un reconocimiento a los esfuerzos que realizan las madres. Después de todo, no es coincidencia que la película esté en cartelera en el mes de mayo.

Ojalá florezcan muchos Alcántaras. Eso sí, detrás de un gran hombre hay una gran mujer.

sábado, 6 de abril de 2013

Una noche "matadora"

Para disfrutar de un concierto protagonizado por figuras emblemáticas del pop o rock anglosajón  (a veces hispano también) las personas de mi generación, mejor dicho, los nacidos en los 80, teníamos que viajar a Argentina, Chile o Brasil para ver artistas que en nuestros días serían de la talla de Beyoncé, Lady Gaga o U2. Estaban también los que se  esperanzaban de una llamada a la radio para ganar el concurso de las entradas a tales conciertos… felizmente este método continúa.

Escuché o leí, no recuerdo bien,  que una de las razones por las que no venían muchos cantantes a Lima era por los altos impuestos que pagaban para hacer su recital en el país. Este panorama cambió en los últimos 10 años, permitiendo a miles de limeños gozar de una noche escuchando en vivo y entonando las canciones de sus artistas, aquellos que eran visibles solo a través de una pantalla o un póster.
Los dos últimos conciertos a los que asistí en Lima fueron, a principios de 2010, el de UB40 y recientemente el de The Killers, el 4 de abril.
-“¡Vamos a ver a The Killers!” Me dijo Melissa. 
Me declaro una no fan del grupo. Puedo reconocer algunas canciones (las más comerciales),  no me fascina el rock, solo me gusta, tengo  UNA canción favorita de sus no sé cuántos álbumes, las entradas generales no me parecían tan caras y, last but not least,  pienso que Brandon Flowers es guapo.
 Solo respondí  con un “ ok ok! What the hell!”.
Y así fue como me encontré en medio de la muchedumbre  que se sabía de memoria las canciones en el Estadio Nacional. Ah sí, olvidé mencionar que esa noche fue la primera vez que ponía un pie en el estadio (es genial eso de matar dos pájaros de un tiro).
Sin pretender hacer publicidad al grupo, la pasé de diez.  Por un momento me encontré también saltando, dejándome llevar por el furor  contagioso de mis aledaños y tarareando los ritmos del grupo. Me encantó la interacción del vocalista con el público… él también por supuesto. Y el rock hizo lo suyo.
Sobre todo me desmentí de mi creencia de que solo iría a un concierto del artista o grupo que realmente conozco. Rompí mi regla y quedé satisfecha.
En menos de dos semanas nos visitaron The Killers, Keane y The Cure. Ya casi parece que uno tuviera una carta de conciertos, está bueno poder elegir. Antes teníamos que conformarnos con los que venían.

Por cierto, nunca llegaron a tocar mi única canción favorita: “The world that we live in”. Igual no importa, ahora que los escuché en vivo tengo algunas más.

 
El 4 de abril en el Estadio Nacional.



domingo, 31 de marzo de 2013

Adiós a los agasajos para la turista


“Cuando pienses en volver
aquí están tus amigos, tu lugar y tu mujer
y te abrazarán
dirán que el tiempo no pasó
y te amarán con todo el corazón “

Se me viene esta canción a la mente. Estás en todo lo cierto Pedrito.
En enero me di el lujo de dos cosas: ser consentida y ser tratada como turista. Que los anticuchos en Barranco, el pisco sour por allá, que la Peña del Carajo, las reuniones con el grupo de amigas de la secundaria, que este nuevo bar, etc. Por supuesto, no podían faltar los domingos de cebiche y canción criolla con mi familia. 
Todo lo que iba reaprendiendo sobre Lima me entraba en primer lugar  por los ojos ( ¡Cuánto se ha ampliado Jockey Plaza!¡ Por fin un metro!)  …pero más que todo por la boca. 
En mis primeras semanas aquí  mi paladar se encontró en el paraíso. Mis idas a los supermercados a veces se convertían en cuestionarios a mi mamá sobre  origen y uso de algunos productos. Incluso tenía la impresión que habían aparecido algunas frutas durante mi ausencia. ¿Tumbo? ¿aguaymanto? Me atrevo a decir que  mi léxico frutal se amplió y  si no fuera porque mi contextura es delgada, ya habría aumentado fácilmente 3 kgs en ese mes.
Olvidé el sentido del oído. Brotaron en estos seis años  modismos y jergas  de las que aún no me he puesto del todo al día y me causa gracia cuando me explican en español neutro lo que significan. De todas maneras aún no me acostumbro al uso de ciertas expresiones… aún reniego del “manyas?” (¿entiendes?, ¿comprendes?, ¿Cachay? ).
Con el pasar de las semanas, la rutina de los miembros de mi familia, amigos  y ocupación en los asuntos de sus propias vidas esquivó paulatinamente su centro de atención sobre la ya no tan turista Liz. Ojo no lo digo a manera de queja, al contrario, era lo que debía suceder tarde o temprano. A la vez yo necesitaba hacer mis propias actividades para abrir paso a lo que sería en cierto modo mi rutina aquí, mi vida. Pero  con la rutina vino también el choque con la realidad, choque muchas veces cultural.
 A excepción de algunas cosas, casi todo ha cambiado en Lima. ¿Pero ha cambiado solo la imagen o los ojos que la ven? Ambos claro, pero esto ya no es novedad. 

Aquí les presento el aguaymanto. Simpática fruta. 
Les invito a probar el pisco sour, trago nacional. Por experiencia, por favor no más de dos... a menos que tengan mucha resistencia a sus 42º de alcohol.  

Siempre me sorprende que exista maíz morado.

Lo imperdible en verano: cebiche y chicharrón de pescado.




lunes, 25 de marzo de 2013

No llores por mi Argentina


Dejar Argentina nunca fue parte de mis planes hasta hace un año, al darme cuenta que la razón que me llevó allá (estudiar mi carrera) estaba casi culminada, que cada una de mis amigas empezaba a  tomar caminos diferentes, que la falta de mi familia me pesaba y, sobre todo, el porvenir cercano de que un ciclo ya estaba por terminar.
Al “ y te quedás o volvés a tu país?” ya lo respondía con total certeza. Luego de mi graduación, despedidas  y malabares para reducir  objetos acumulados por 6 años en dos maletas de 23 kgs. cada una, empaqué y me vine.
Quería algo diferente,  pasar el día de la madre con mi mamá,  no  volver a perder el cumpleaños de mi hermana y además recuperar  esa curiosidad de viajero cuando se está en un lugar desconocido.
Sólo me di cuenta de esta “mudanza”  cuando el avión destino a Lima  comenzaba a despegar. Fue ahí que digerí todo lo que hasta ese momento  hacía en modo piloto. Vi a Mendoza achicarse hasta perderse  por la ventanita del avión y el corazón se me encogió.   
No tengo fecha de regreso  a Mendoza aún, pero el regreso lo tengo seguro.
Mientras tanto, me adapto a Lima y las bondades ( o no) que los días aquí me ofrecen. 


Anocheciendo en Mendoza, un día de julio.
Atrás la cordillera de los Andes.